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Esta semana entrené mi primer modelo de IA.

Acabé reventado, de madrugada, con Claude al otro lado echándome una mano mientras yo componía, iteraba, miraba el resultado, ajustaba y volvía a empezar. Un bucle hipnótico. Y en una de esas pausas, mirando la pantalla con los ojos rojos, me vino a la cabeza una frase que escucho mucho:

"Teníamos que montar nuestro propio Cloudflare." O "nuestra propia IA". O "nuestro buscador", o "nuestro AWS", o lo que toque esa semana. Y casi siempre viene rematada con la coletilla de turno: "no puede ser tan difícil".

Y yo asiento. Pongo cara de "ya ves...".

Pero por dentro siempre pienso lo mismo: la escala de lo que estás pensando supera por mucho nuestra capacidad de comprensión.

Y no lo digo con maldad, ojo. Lo digo porque yo tampoco la entendía hasta que me puse a mirar los números de verdad. Así que vamos a mirarlos juntos. No para reírnos de nadie, sino para entender qué hace falta de verdad para levantar una de estas bestias.

Empecemos por la más vieja, por ejemplo...

Amazon nace en 1994. Un tío vendiendo libros por internet. ¿Sabes cuándo dio su primer beneficio anual? En 2003. Nueve años después. Y entre medias, desde que salió a bolsa, perdió casi tres mil millones de dólares.

Año tras año. Trimestre tras trimestre, saliendo a explicar a sus inversores por qué volvía a perder dinero.

Y Bezos pedía paciencia. No de meses, sino de décadas.

Ahora coge SpaceX. Fundada en 2002. Starlink, su negocio de internet, no empezó a dar servicio de verdad hasta hace cuatro días. Antes de ver un solo euro de beneficio se gastaron más de diez mil millones de dólares en poner una constelación de satélites en órbita.

Veinte años de gente diciendo que Musk estaba loco, que eso no iba a funcionar nunca.

Veinte puñeteros años.

Y luego está la joya de la corona, la que ahora mismo está en boca de todos: OpenAI: Ochocientos millones de personas usan ChatGPT cada semana. ¿Sabes cuántos pagan? El cinco por ciento.

Cinco de cada cien.

El año pasado perdieron más de veinte mil millones de dólares. En un año. Y para este, la previsión es perder catorce mil más, de hecho no esperan ganar dinero hasta 2030, como pronto.

¿Y qué pasa cuando pierdes esa animalada?

¡Pues que te dan más! Otros cuarenta mil millones. Otros cien mil. Más leña al fuego, porque todo el mundo cree en lo que va a pasar dentro de diez años.

Y la última, la que da nombre a esa compañera que me echaba una mano de madrugada: Anthropic, la gente que hay detrás de Claude. Empezaron siendo seis personas en una sala, PERO CON CIENTO VEINTICUATRO MILLONES DE DÓLARES de capital semilla. Años en silencio, sin producto que enseñar, mientras el de enfrente se hacía famoso. Y de ahí, en cuatro años, a valer casi un billón de dólares.

Un billón. Con b.

Y aquí es donde quiero que pares un segundo.

Porque lo fácil es mirar estas cifras y pensar que el problema es el dinero...


🤔-"'Dementor, claro que es el problema, si nos dan ese capital semilla, lo montamos seguro!

👻-"Bueno, yo no estoy tan seguro..."


El problema es otro, y es más jodido, porque no se compra con dinero.

Estoy totalmente seguro de que ninguna de estas empresas habría sobrevivido aquí, en España. Ni una. Y no por falta de talento, que nos sobra, ni por falta de buenas ideas, que las hay a patadas, habrían muerto por dos cosas que en España, sencillamente, no tenemos.

La primera es el aguante. Allí hay quien está dispuesto a perder dinero durante diez años porque ve algo que tú todavía no ves. Y la segunda, la más importante, es que hay quien está dispuesto a creérselo. A poner el dinero, a financiarte la travesía del desierto entera.

Aquí medimos en trimestres, allí miden en décadas.

Aquí, a los seis meses, ya te están preguntando cuándo repartes beneficios.

Y ahora es cuando aparece la noticia de la semana: El Gobierno aprueba setecientos diecinueve millones de euros para una gigafactoría de IA en España. Soberanía tecnológica, no depender de fuera, todas las palabras que llevo años predicando.

Y suena a muchísimo dinero, de hecho, lo es, no lo gano yo algunos meses...

Pero al lado de lo que pierde OpenAI en un solo año, no es ni la propina.

Y no lo digo para tirar por tierra la iniciativa, que ojalá salga bien. Lo digo porque ese dinero, por mucho que sea, no arregla lo que de verdad nos falta, que por mucho que les pese a los políticos no se arregla desde un ministerio.

Se arregla en cómo respondemos cuando un amigo nos dice: "Tengo una idea y quiero ponerla en marcha".

Aquí el reflejo, casi siempre, es el mismo: "Uf, ¿estás seguro?, mira, esto y aquello... ¿De verdad quieres complicarte tanto?" Y acto seguido le enumeramos las quince razones por las que se va a estrellar. Lo hacemos hasta con buena intención, eh, creyendo que le ayudamos.

Y lo matamos. En la primera frase. Directo al corazón.

Pero quiero que entiendas de dónde sale ese reflejo, porque no es maldad, es algo más hondo.

Aquí, fracasar no es una etapa, es una mancha. El que montó algo y le salió mal carga con la etiqueta (y las deudas en algunos casos) para los restos: el del bar que cerró, el que se metió en aquel lío y mira cómo acabó. Lo señalamos. Y como sabemos que se señala, cuando un amigo nos cuenta su idea, lo que hacemos sin darnos cuenta es protegerlo. De la vergüenza, del ridículo, del "ya te lo dije"... Le quitamos la idea de la cabeza pensando que le ahorramos el batacazo.

Allí, en cambio, el que lo intentó tres veces y se estrelló tres veces no es un fracasado, es un tío con experiencia. El fracaso es parte del currículum, no una cicatriz que esconder. Por eso pueden permitirse perder dinero diez años: porque perder no te marca, te entrena.

Nosotros emprendemos con miedo a la foto del fracaso, ellos emprenden sabiendo que la foto da igual, que lo que cuenta es la siguiente.

Y esa diferencia, que parece de mentalidad, es en realidad la diferencia entera.

Cuando a lo mejor esa misma persona, con esa misma información, lo que necesitaba era oír otra cosa. "Qué bueno, lo primero, mucha suerte, es un tema interesante. ¿Te has planteado el escenario X? ¿Y el escenario Y?"

¿Ves la diferencia?

Es la misma advertencia, el mismo riesgo señalado, pero uno cierra la puerta y el otro la deja abierta. Uno dice "no lo hagas" y el otro dice "hazlo, pero con los ojos abiertos".

Esa distancia, esa frase de diferencia, es exactamente la misma que separa al ecosistema que financia diez años de pérdidas del que pregunta cuándo repartes a los seis meses.

Así que a lo mejor deberíamos dejar de decir aquello de "teníamos que montar nuestro propio Cloudflare" y empezar a construir, poco a poco, el tipo de gente que cuando escucha una idea no busca por dónde se rompe, sino cómo aguantar para que no se rompa.

Se llama cultura.

Y esa cultura no la financia ningún ministerio, esa la montamos nosotros, conversación a conversación.

¿A que esto ya lo hemos escuchado?

¡Feliz Domingo!


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Y fin...

¡Sobre la campana! A las 23:24 de la noche del sábado termino de escribir esto...

La dejo programada con esa sensación rara de haber escrito sobre billones de dólares desde un autónomo que esta semana estaba flipando con su primer modelito de juguete entrenado de madrugada.
 
Nos vemos en los canales habituales: X y Telegram.
 
Por cierto, si quieres, puedes invitarme a un cafelito. ☕☕☕

¿10 años de pérdidas? ¿Pero que somos una ONG?