
Esta semana uno de mis socios me contaba, entre sorprendido y confuso, que alguien se habÃa ido después de una cita con él, pero sin despedirse. No sabÃa cómo tomárselo. "¿Es una falta de educación o es una sobrada? No sé qué es peor...", me dijo. Y creo que no era ninguna de las dos.
El problema, le expliqué, es quién era ese alguien. Era uno de los nuestros. De los raros. De los de IT.
Y es que muchos de los que nos dedicamos a esto tenemos un problema serio. No es un problema técnico, no es un problema de conocimiento, no es un problema de capacidad. Es un problema mucho más cotidiano y mucho más incómodo: somos lo que yo llamo socialmente anormales.
No lo digo como insulto, lo digo como diagnóstico, incluso como reconocimiento.
Porque hay algo que me ha costado años aceptar: que eso que para otros es automático, saludar, despedirse, preguntar cómo estás y esperar la respuesta, mantener el contacto visual el tiempo correcto, saber cuándo es tu turno de hablar, no irse de una conversación cuando tu cabeza decide que ya tuvo suficiente, para nosotros es un esfuerzo activo. Consciente. Agotador.
No te voy a mentir. Me esfuerzo cada dÃa, desde que me levanto, por no ser un desastre social. Por no ponerme los cascos nada más sentarme y evadirme mientras tecleo en el portátil convencido de que estoy cambiando el mundo a golpe de bash. Por no abandonar una reunión cuando mi cabeza hace click y desconecto, ese momento en el que todavÃa estás fÃsicamente presente, pero ya no hay nadie en casa. Por saludar al llegar y despedirme al salir, que a veces se me olvida y luego me doy cuenta al llegar al coche y me debato en si volver o no. Por decir algo cariñoso a los mÃos sin que tenga que ser el resultado de un recordatorio interno. Por tantas y tantas cosas que para otros son, creo, reflejos y para mà son decisiones conscientes.
A ver, también tengo que decirte que antes no hacÃa ese esfuerzo. Ni me lo planteaba. VivÃa en mi mundo y el resto que se apañara. Tuvo que venir una gran crisis a mi vida para convertirme en Felipe 2.0.
Con los años, la lectura y la terapia, fui entendiendo algo importante: que los seres humanos tenemos una capa social que, aunque a nosotros nos resulte cara de mantener, es lo que permite que el resto del mundo funcione y que aunque las relaciones no se rompan por el simple hecho de que un dÃa no te apeteció decir adiós, es mejor decirlo.
No es hipocresÃa, es infraestructura.
Y como toda infraestructura, tiene un coste de mantenimiento.
Porque el agotamiento social es real. No sé si tienes nombre para lo que sientes después de un dÃa largo de reuniones, de conversaciones, de ser "normal" durante horas. Yo sà lo tengo: se llama necesitar aire. Literalmente. Hay dÃas que salgo de una jornada asà y lo único que quiero es que no haya nadie. Ni ruido, ni input, ni la presión de tener que responder de la manera correcta a nada. CERO.
Mis caminatas por el campo son eso. No es que sea un loco de la naturaleza, tampoco es que me ponga a identificar pájaros ni a oler flores. Simplemente necesito un sitio donde nadie me hable, donde no tenga que gestionar nada social, donde el único ruido sea el que hace el viento o mis propios pasos. Es la manera que tengo de volver a cero antes de poder seguir.
Si te reconoces en esto, bienvenido. No estás solo. Somos muchos los que llevamos ese esfuerzo a cuestas cada dÃa, aunque desde fuera no se note. Aunque desde fuera parezca que simplemente "somos asÃ" o que "nos importa poco la gente". No es eso, es que la cosa no nos sale sola. Funcionamos diferente.
Y hay algo en reconocerlo que ayuda, no lo resuelve, pero ayuda.
Lo peor, o lo mejor, según se mire, es que ahora veo todo esto multiplicado por cien en mi hija. Los "vale!" seguidos de ignorarte por completo y seguir con su relato, como si las palabras hubieran llegado, pero el sistema de procesamiento hubiera decidido no hacer nada con ellas. La obsesión, por ejemplo, de explicar con una pasión absolutamente desbordante qué es un reloj atómico en la parada del autobús, mientras los otros padres la miran sin saber muy bien qué cara poner y le preguntan "¿pero de qué estás hablando?" más por educación que por interés real. O el no entender todavÃa que a veces, aunque el otro se equivoque y tú tengas razón, hay que mirar a otro lado si no quieres que a la salida te vengan a buscar.
La veo y me veo. Y me parte un poco el alma, no voy a mentir. Pero también me da algo parecido al orgullo, porque esa intensidad, esa incapacidad para fingir interés en cosas que no le interesan, esa honestidad brutal con el mundo... eso también es lo que nos hace ser lo que somos, aunque lo vamos a ir afinando un poco. Los dos.
Eso sÃ, déjame decirte, con orgullo repito, que este grupo de locos medio aspergers (o enteros), medio autistas, somos actualmente los que movemos el mundo. No cambiarÃa por nada esta forma de entender la vida, aun con el sufrimiento que me provoca a veces, porque es lo que nos hace ser capaces de hacer lo que hacemos cada dÃa. Y, repito, somos los que movemos el puto mundo.
Mientras tanto, me quedo con una pregunta que no sé responder: no sé qué llegó primero, si el ser asà o el dedicarme a esto, pero creo que no es casualidad. Creo que hay un polo de atracción en profesiones como la nuestra para la gente que siente que dentro de la pantalla sà puede ser quien realmente es. Que el teclado es el sitio donde las reglas sociales no aplican, donde no tienes que fingir, donde lo que produces habla por ti sin que tengas que gestionar cómo lo estás diciendo ni qué cara estás poniendo mientras lo dices.
Que aquÃ, en esto, finalmente encajamos, aunque a veces nos olvidemos de despedirnos.
¡Feliz Domingo!
Â
  Protecting what matters most
Â
Todos los episodios aquÃ: https://go.ivoox.com/sq/2343562
T4 Episodio 21: Gorrito de plata -> https://www.ivoox.com/t4-episodio-21-gorrito-plata-audios-mp3_rf_170417846_1.html
Â
Dice que necesita aire y se va al campo... ¡Lo que hace la gente para justificar sus escaqueos!
