
Hoy tampoco tocaba newsletter.
De hecho, juraría que me había prometido no escribir nada más hasta después de Reyes. Pero me gustó la experiencia de 2024 de dejar constancia por escrito de lo vivido y de que los años que no se pueden cerrar en silencio. Y 2025 ha sido uno de esos años que piden un punto y aparte, no un punto final.
Así que aquí estamos. Sin avisar, como casi siempre. Construyendo en público.
Si tuviera que resumir este año en una sola palabra, sería intensidad. Pero no entendida como caos, sino como profundidad. De esas intensidades que te obligan a estar presente, a pensar, a decidir y a no esconderte.
Ha sido un año de trabajo brutal, sí. De esos en los que los proyectos, vistos desde fuera, parecen directamente imposibles. De los que te colocan delante retos grandes, complejos, con mucha responsabilidad y mucha exposición. Y, cómo no, de esos en los que aparece el viejo conocido: el síndrome del impostor, preguntando si de verdad estás a la altura.
La diferencia es que este año he aprendido algo importante: el síndrome del impostor no aparece cuando no sabes hacer algo, aparece cuando estás creciendo. Y eso cambia bastante la perspectiva.
Porque, pese a todas las dudas internas, los proyectos han salido. Algunos mejor, otros con más cicatrices, pero han salido. Y no por heroicidades individuales, que también las ha habido, ni por ir siempre de "lobo solitario", sino porque poco a poco he ido entendiendo que las cosas grandes no se sostienen solo con empuje personal, sino con equipo, confianza y procesos que funcionan incluso cuando tú no estás encima.
Y aquí llega uno de los grandes hitos de 2025: empezar a delegar de verdad.
No todo lo que debería. No todo lo que me gustaría. Pero sí lo suficiente como para notar el cambio. Para alguien que ha vivido durante años en modo Extreme Ownership llevado al extremo, ese en el que todo es culpa tuya, incluso lo que no controlas, aprender a soltar no es una técnica de gestión, es un cambio mucho más profundo.
Sigo creyendo en la responsabilidad total, pero ahora también creo en algo igual de importante: la sostenibilidad personal. Porque asumir absolutamente todo no te hace más fuerte, te hace imprescindible… y eso, a largo plazo, es un problema, no solo para la empresa, sino para ti mismo.
En lo profesional, DMNTR ha tenido un año curioso. Diferente. Menos ruidoso quizá, pero mucho más estratégico. Ha sido un año de sembrar, de pensar, de ordenar, de preparar el terreno para cosas que todavía no se ven, pero que están ahí, cogiendo forma.
El equipo ha seguido creciendo con incorporaciones muy importantes. Gente que está totalmente implicada y que ha captado la esencia de esta historia desde el minuto 0. Personas que no han venido solo a “cumplir”, sino a construir. Que entienden que aquí no se trata únicamente de sacar proyectos adelante, sino de hacerlos bien, con criterio, con cariño por el detalle y con responsabilidad. ¡Y con un punto de locura!
Ver cómo otras personas hacen suyo el proyecto, toman decisiones, proponen mejoras y empujan incluso cuando no estás mirando es, probablemente, una de las mayores satisfacciones de este año. Porque ahí es cuando te das cuenta de que esto ya no depende solo de ti. Y lejos de dar vértigo, que lo da a veces, también da tranquilidad.
Desde fuera puede parecer un año tranquilo. Desde dentro ha sido un año más loco aún que el anterior. De planificación, de decir a veces “no” para proteger lo importante, de invertir tiempo en cosas que no dan retorno inmediato, pero que construyen futuro. Y sí, probablemente muchos de los objetivos que teníamos en mente se materialicen el año que viene… o no. Y también está bien asumirlo así.
No todo lo que se siembra germina, pero nada germina si no siembras. ¡Y hay que hacerlo constantemente!
A nivel personal, este ha sido, y está siendo, un año de aprendizaje tranquilo. De entender mejor mis propios límites. De aceptar que no siempre voy a llegar a todo, y que no pasa nada por ello. De asumir que hay semanas en las que el cuerpo y la cabeza piden tregua, y aprender a escucharlos un poco más. Todavía me queda un largo camino de construcción personal para llegar a donde quiero, pero estamos ahí...
También ha sido un año de reafirmación. De confirmar que sigo creyendo profundamente en esto. En el proyecto, en la forma de hacerlo, en contar las cosas como son. Sin épica artificial. Sin postureo. Sin vender humo. Con nuestras dudas, nuestras contradicciones y nuestras pequeñas victorias cotidianas. Somos gente normal (bueno...), intentando hacer cosas grandes.
Porque si algo tengo claro después de todo este camino es que LA ESENCIA NO SE NEGOCIA. Cambian las personas, cambian los proyectos, cambian las responsabilidades… pero si dejas de ser tú en el proceso, algo se rompe. Y eso ya lo he probado. Spoiler: No compensa.
Pero, sobre todo, este año ha sido un año que suma. Que construye. Que te deja mejor posicionado, no solo profesionalmente, sino también como persona.
Y eso, aunque no siempre se vea desde fuera, vale mucho.
Solo me queda dar las gracias. A la familia, que sostiene incluso cuando no se nota. A los socios y compañeros, que confían incluso cuando yo dudo. A los amigos, que saben cuándo empujar y cuándo frenar. Y a todos los que leéis esto, aunque sea por curiosidad, por afinidad o simplemente por pasar un rato. ¡Incluso a los haters que haberlos haylos!
No sé qué traerá 2026. Probablemente más lío. Más retos. Más decisiones incómodas. Pero también más claridad, más foco y más experiencia acumulada.
Seguiremos construyendo.
Seguiremos aprendiendo.
Seguiremos equivocándonos mejor.
Y, mientras tenga sentido, seguiremos contándolo.
Protecting what matters most
Todos los episodios aquí: https://go.ivoox.com/sq/2343562
¡VAMOS CON LOS NÚMEROS!
Voy a decirlo sin rodeos: 2025 ha sido un buen año.
No porque haya sido fácil. No porque todo haya salido a la primera.
Sino porque ha sido un año de esos en los que, cuando miras atrás, reconoces tu propia letra en lo que has hecho.
Estoy haciendo lo que quiero y lo que me gusta. Y eso, aunque a veces se paga caro en horas, cansancio o vértigo, también se nota. Mucho. Incluso en algo tan frío como un calendario.
Así que vamos a verlo en cifras:
He tenido más de 180 reuniones a lo largo del año.
No reuniones de relleno. Bueno, alguna ha habido para que mentir... Pero la mayoría han sido reuniones de decidir, de cerrar, de empujar proyectos complejos hacia adelante. Reuniones técnicas, de preventa, de coordinación, de “esto hay que sacarlo y punto”.
Dentro de esas, hay casi 40 reuniones finales de proyecto.
Ese tipo de reuniones no aparece si no hay trabajo previo. No llegan solas.
También hay más de 25 entrevistas.
Me decía ayer un amigo: "Encontrar gente es fácil, contratar personas es muy difícil". Sin embargo, el equipo ha crecido, y lo ha hecho de forma natural, orgánica, con gente que ha captado la esencia desde el minuto cero.
También me tocó la parte de despedir o de no contratar a quien así lo esperaba, lo cual no es fácil tampoco.
He metido formación y certificaciones técnicas en medio del caos.
Esto de dirigir no va de alejarte de la técnica, sino de seguir entendiéndola para tomar mejores decisiones.
El calendario también habla de viajes constantes.
Hoteles de extrarradio, trayectos largos, madrugones, vueltas de noche, besitos a la niña ya dormida...
Casi 35.000 kilómetros en ocho meses con el coche nuevo. Casi nada.
Y algo más:
No ha habido meses realmente tranquilos, eso explica muchas cosas...
Este año nuevos socios han confiado en DMNTR.
Y eso cambia el juego y te obliga a pensar más lejos. Da vértigo, claro. Pero también es una señal clara de que lo que estamos construyendo tiene sentido más allá de mí.
También dejé la banda después de 30 años.
No fue una decisión menor. Al principio fue como un divorcio o un duelo. Algo que formaba parte de mi identidad y que, de repente, ya no estaba. Ahora lo llevo bien. Fue una etapa preciosa, larguísima y cerrada con respeto. Cerrar etapas también es avanzar.
El verano fue especialmente intenso.
Uno de esos proyectos que te quitan el sueño, literalmente. Noches en vela, dudas constantes y esa pregunta que vuelve una y otra vez: “¿seremos capaces?”. Lo fuimos. Con desgaste, sí, pero lo fuimos. Y esas cosas te curten.
En ese mismo verano hicimos algo clave: la mudanza de datacenter a Data4.
Una operación contrarreloj, crítica, técnica, de las que no admiten errores. De esas que, cuando salen bien, nadie aplaude… pero todo funciona mejor después. Y en la que además contamos, como siempre, con la ayuda de los mejores.
En medio de todo eso, pude encajar unas vacaciones familiares en septiembre.
Algarve. Desconectar lo justo, pero conocer un lugar al que amenazo con volver en cuanto pueda. Mágico.
Este año subí casi a 3.000 metros de altura con mis Crawler RC.
Puede sonar a chorrada, pero para mí no lo es. Era un sueño personal. Y cumplir sueños pequeños, propios, sin testigos ni aplausos, también cuenta. Mucho.
Y sí, hubo un fin de semana especialmente duro en septiembre.
Casi 38 horas de trabajo con muy poco descanso y con un estrés brutal. Otro proyecto enorme. De esos que te exprimen y te recuerdan dónde están los límites… incluso cuando los cruzas.
Tengo claro que este no ha sido un año de postureo. Ha sido un año de carretera (y manta a veces...), decisiones, cierres, renuncias conscientes, sueños cumplidos y algún que otro nudo en el estómago.
Pero sobre todo, ha sido un año bonito.
Porque estoy haciendo lo que quiero.
Porque el proyecto crece con sentido.
Porque sigo disfrutando del camino, incluso cuando aprieta.
Nos vemos después de Reyes con una newsletter "más normal", si es que esta newsletter puede usar ese calificativo en algún momento...
Gracias por estar ahí.
De verdad.
¡Feliz 2026!
¿Ha dicho algo del coche de rallys? ¿Eh? ¿Lo ha dicho?
