
Llevamos meses preparando el funeral. Por ejemplo, en las conversaciones del pasado ESNOG no se hablaba de otra cosa. IA, IA, IA. Nos quedamos sin curro, nos quedamos sin curro, nos quedamos sin curro.
Todo está perdido.
La IA viene a comernos el trabajo. Los becarios sobran. Los juniors sobran. Media plantilla sobra.
Nuestro futuro es una oficina vacía con un servidor parpadeando solo en una esquina. Apocalipsis laboral, lo llaman. Resígnate, recoge tus cosas. Repito: todo está perdido.
Pues no. Vengo a contarte hoy justo lo contrario.
Así, sin anestesia.
De hecho, creo que va a hacer falta más gente que antes. Y no un poco más, no. Muchísima más.
Porque lo que yo veo no es menos trabajo. Es muchísimo más. Y no para los de siempre: para nosotros, los que sostenemos la parte de abajo. Los fontaneros de los sistemas. Los albañiles de la arquitectura. Esa gente que nadie nombra en la keynote, pero que aparece corriendo a las tres de la mañana cuando el monitor SNMP escupe alertas.
Porque mira, el relato del ahorro es precioso. Y a los de las corbatas les encanta, claro, porque les permite dibujar un Excel donde la columna de gastos baja sola como por arte de magia. Pero la realidad es que cada cosa "mágica" que hace un modelo tiene un coste físico brutal detrás. Cada token es electricidad. Es cómputo. Es un dato que viaja, se almacena y se vuelve a leer.
La IA no reduce la infraestructura: la multiplica. Y no por dos. Por mucho.
Cuando una empresa mete IA en sus procesos, no necesita menos red, necesita más. Más ancho de banda, menos latencia, más capacidad de almacenamiento, más cómputo cerca del usuario. La demanda que genera un solo modelo en producción se come de un bocado el "ahorro" que prometía el comercial.
Y, encima, alguien tiene que construir todo eso, tenderlo, mantenerlo y arreglarlo cuando se rompa. Adivina quién.
🤔 - "Bueno, venga, Dementor, pero al final eso lo harán los de siempre. Los AWS de turno, en este caso los ClosedAI y Anthropic de turno…"
👻 - "A ver. Me decía el otro día un amigo que las necesidades de IA son brutales, y la capacidad real (tanto la de ahora como la que pueda crecer) es la que es. No es infinita. No hay GPUs ni vatios, ni metros de datacenter para todos. Por tanto, la IA de los grandes será para quien pueda pagarla. Y el precio solo va en una dirección...".
Eso significa una cosa muy concreta: no va a haber un único cielo en el que quepamos todos. El que no entre en ese reparto, o no quiera pagar el peaje, va a tener que resolverlo en casa. Y resolverlo en casa es trabajo. Mucho trabajo. Del nuestro, por supuesto.
De hecho, el apocalipsis laboral que nos venden a diario es, para la gente de IT, justo lo contrario: una década de curro por delante.
Sin embargo, hay una trampa en cómo nos lo estamos montando, y es la que de verdad me preocupa. Hemos asumido que la IA es algo que vive fuera. En ClosedAI, en uno de los escasos datacenters de Amodei, en la nube de los que "no eran el demonio"... Algo a lo que te conectas, no algo que tienes.
Pero déjame que te diga una cosa: eso no es una herramienta, es una dependencia. Es un grifo que abre y cierra otro, con su precio, sus términos y su disponibilidad. Es el riesgo que no ves hasta que un día us-east-1 se cae, o te suben la tarifa un 400%, o deciden que tu caso de uso ya no les interesa.
O simplemente "jubilan" el modelo sobre el que montaste todo, y lo que antes devolvía un resultado, ahora devuelve otro. Sin avisar, sin migración, sin que tú hayas tocado una sola línea. Un martes cualquiera, tu producto funciona distinto porque alguien, a miles de kilómetros, decidió que la versión que tú usabas ya no tocaba.
Toda tu "inteligencia" colgando de un hilo que no controlas. ¿Te suena esto?
Es exactamente el mismo error que cometimos con los CDNs, con el cloud y con la identidad: Lo metimos todo fuera porque era cómodo, porque era barato al principio, porque lo hacía todo el mundo y quedaba moderno decirlo en una reunión. Y un día levantamos la cabeza y resulta que no éramos dueños de nada. Otra capa, otro emperador al que cargarle la cola.
Y aquí está lo interesante: casi todos andamos ya haciendo pruebas locales. Y no tan locales... Modelos corriendo en máquinas nuestras, en nuestro propio metal. Unos funcionan mejor que otros, todavía hay que afinar mucho, todavía hay que pelearse con drivers, con cuantización y con VRAM que nunca llega, pero la dirección huele clarísima. Lo que hace un año era impensable meter en un rack hoy te cabe en una máquina debajo de la mesa. Y mañana cabrá en menos.
Y ojo, porque ellos también lo han visto. Se han dado cuenta de que estamos intentando volver al hierro, de que el código abierto se está poniendo serio, de que un modelo que te bajas y corres en tu casa empieza a hacerle sombra al que alquilas por tokens. ¿Y qué hacen? Lo de siempre. Empezar a demonizarlo. De repente, los modelos open source son "un riesgo", "un peligro", hasta una "amenaza para la seguridad nacional". Hay que controlarlos, hay que regular quién puede entrenar y quién no. Hay que pedir permiso para tenerlos en tu disco duro, no vaya a ser que...
¿A que esto ya lo hemos escuchado?
Lo escuchamos con el cifrado fuerte, que iba a ser un arma de guerra y que solo debían manejar los buenos. Lo escuchamos con el P2P, que iba a hundir la cultura y resultó que solo hundía un modelo de negocio. Lo escuchamos con el software libre, que era cosa de piratas, de hippies o directamente de comunistas, hasta que medio planeta acabó corriendo sobre Linux. Siempre el mismo guion, cada vez que una tecnología amenaza con devolver el control a la gente, aparece puntualísimo el relato del peligro, de la seguridad, del "esto hay que controlarlo por tu bien".
No te lo prohíben porque sea peligroso, te dicen que es peligroso porque no quieren que sea tuyo.
Entonces... ¿Volveremos al hierro? Pues yo creo que sí. En muchos casos, sí. De hecho, creo que es el único camino que tiene sentido si lo que queremos es soberanía de verdad y no cambiar un amo por otro. Porque ojo: migrar de ClosedAI a otro proveedor cerrado no es soberanía. Es cambiar de dueño y seguir cargando la misma cola. La inferencia local no es un capricho de nostálgicos que echan de menos el ruido de los ventiladores, es recuperar el control de la capa que más va a importar en los próximos años.
El péndulo que nos llevó a delegarlo todo a la nube está empezando a volver. Y esta vez no vuelve por moda, vuelve por necesidad. Porque el coste de tener la inteligencia fuera ya empieza a no salir, y porque cuando algo es crítico de verdad, lo quieres cerca, lo quieres tuyo y lo quieres bajo tu llave.
Así que no, no todo está perdido. Para los que vivimos de levantar y sostener infraestructura, esto no es el final, es el principio del trabajo más interesante de nuestra carrera: redes mejores, latencias más bajas, almacenamiento de verdad, demandas energéticas que dan vértigo y modelos corriendo en nuestro propio hierro, bajo nuestras propias reglas.
Que se preparen los demás para el apocalipsis, nosotros vamos a estar muy ocupados construyendo la salida.
¡Feliz Domingo!
Un abrazo enorme. 👻
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