👻 La Newsletter de @weareDMNTRs 👻 

Esta semana ha causado mucho revuelo en la comunidad la apertura de la Rails World 2026, celebrada en Austin el pasado 23 de septiembre.

Como resumen podríamos decir que DHH declaró oficialmente, y de una manera un tanto... no sé cómo definirlo... un tanto "peculiar", el fin de la programación manual tradicional.

Anunció que en su empresa, 37signals, han dejado de escribir código rutinario a mano y han delegado el desarrollo en agentes de IA. Pencils down, lo llamó, lápices abajo. Allí escribir código a mano ya es un estado excepcional, algo que se trata como un bug: si el agente no produce lo que quieres, no lo corriges tú tecleando, corriges el proceso que lo genera. Y sostuvo que escribir código manualmente ya no es una habilidad económicamente viable para la mayoría de los programadores en la mayoría de las empresas.

Preguntó a la sala cuántos seguían escribiendo cantidades serias de código a mano cada semana. Se levantaron unas cinco manos. Cinco. En la Rails World.

Para sorpresa (y escándalo) de los asistentes, reveló que HEY, su servicio de correo, deja de ser una aplicación web para convertirse en seis aplicaciones nativas, y que el backend lo están reescribiendo en Rust, un lenguaje que él mismo reconoce que no lee, con una reducción drástica del uso de CPU y memoria (un 99% y un 95%, según él y con la obra a medias, dice que podría servir el pico de tráfico de HEY desde una Raspberry Pi).

Imagina al creador de Ruby on Rails abriendo el evento de Rails más importante del mundo diciendo que están usando Rust y que programar ya no "vale para nada"... De traca. Que conste que no enterró Rails: dijo que la web sigue teniendo sentido para todo lo que no quieres instalar y que la convención sobre configuración le viene de perlas a los agentes. Pero el titular ya estaba escrito.

Pero voy a decirte algo: creo que DHH tiene razón. Mucha más razón de lo que imaginas y, aunque a muchos el personaje de DHH os caiga mal, mi punto actual en mi empresa es el mismo que el suyo: estamos all-in con la IA.

Más allá de la broma, sinceramente, que tus programadores escriban código a mano ya no es una habilidad económicamente viable para la mayoría de las empresas. En la mía ya te digo que no lo es. Pero es que me voy a más: administrar servidores o entornos tipo SOC "manualmente" no es que no sea económicamente rentable, es que pienso sinceramente que es operativamente inviable.

Los agentes te permiten simplemente probar muchísimas cosas, encontrar muchísimas más cosas y ejecutar muchísimas más cosas. Y no lo digo de eslogan, te lo cuento con el oficio en la mano.

En sistemas, piensa en esa tarea que lleva tres meses en "pendiente" porque es un coñazo: revisar en ochenta servidores quién tiene todavía el sshd aceptando contraseñas, qué versión de OpenSSL sigue viva en cada uno, qué cron de 2021 sigue tirando de un script que ya no existe. Nadie la hacía, no porque fuera difícil, sino porque era aburrida, y lo aburrido es lo que nunca se hace. Un agente se la come en una tarde, vuelve con un diff, te propone el playbook y tú apruebas. Y "probar" cambia de significado: antes probabas una forma de hacer la migración, porque el tiempo daba para una, ahora pruebas cinco en el laboratorio y te quedas con la que menos sustos da.

En redes, el 90% del trabajo siempre fue el diagnóstico. "¿Por qué va lenta la VPN?" es MTU, o dúplex, o DNS, o alguien que tocó algo el viernes, y para saber cuál hay que sacar contadores, mirar ARP, LLDP, los logs del firewall, y cruzarlo todo con la cabeza. Un agente hace ese cruce en minutos, con las hipótesis ordenadas y la evidencia al lado. También se lee un export de RouterOS de doscientas líneas y te señala la ruta estática "temporal" de 2019 que nadie se atrevía a quitar.

Sigue siendo un humano el que decide si se quita. Pero el humano llega a esa decisión en diez minutos en vez de en una tarde.

Y en ciber es donde lo "manual" ya no aguanta ni sobre el papel. Sale un CVE crítico un martes a las cuatro y la pregunta no es "¿es grave?", es "¿lo tengo?": en qué cliente, en qué versión, expuesto o no. Eso, a mano, era una semana de "vamos mirando". Con un agente cruzando avisos con inventario es una lista antes de cenar. Lo mismo con las alertas: doscientas al día en un cliente mediano, y un SOC de dos personas no puede hacer triaje de doscientas alertas, correlacionarlas y documentarlas: No puede.

No es un problema de presupuesto, es aritmética. El agente enriquece, correlaciona, redacta el borrador del informe, y la persona decide. Que es, si lo piensas, para lo que estaba la persona.

Y ojo, "no manual" no significa "sin humanos". Significa que el humano deja de ser el que teclea y pasa a ser el que decide y firma. Que es justo lo que te conté que estamos haciendo: todo pasa por borrador y por alguien que aprueba.

Pero, aun así, creo que vivimos la época más apasionante de la informática desde que descubrí BASIC en un 286. Tenemos, simplemente, al alcance de la mano el crear cosas realmente maravillosas. Esa herramienta que siempre quisiste y para la que nunca hubo presupuesto, ese panel que cruzaba tres fuentes y nunca salió de la servilleta, esa migración que se posponía porque "no tenemos gente"... hoy son una tarde de trabajo bien dirigida. Y ha vuelto aquella sensación del 286: tecleas, pasa algo, y quieres saber más.

Lo remató el propio DHH mejor que yo: que nadie os amargue este momento, que el futuro de hacer software nunca ha estado tan claro.

Sé perfectamente que muchas de las respuestas a esta newsletter van a rondar lo mismo, así que las contesto ya.

🧐 - "Es que la IA se equivoca."

👻 - "Tú también. Y tú ni siquiera dejas logs."

🧐 - "Es que no tiene responsabilidad."

👻 - "La responsabilidad siempre es tuya."

No somos políticos que pueden descarrilar un país y decir que fue culpa del otro. Nosotros tenemos la responsabilidad siempre, y tu responsabilidad es poner los guardarraíles y los arneses necesarios para que tu IA tenga el mayor grado de seguridad posible. El propio DHH contó en Austin que en Basecamp 5 sus diseñadores metieron docenas de PRs generados por agentes que, uno a uno, parecían bien y, todos juntos, dejaron la arquitectura como un queso gruyer. Tuvieron que volver atrás. ¿La conclusión? No fue "los agentes no valen", fue "el proceso no valía".

Y, recuerda, los humanos también la liamos. Es parte del juego.

🧐 - "Es que nos va a dejar sin trabajo."

👻 - "Depende de en qué consistía tu trabajo."

Creo que sí: seguramente la IA puede dejarte sin trabajo si tu trabajo consistía simplemente en saber un lenguaje que otros no sabían. Si tu valor era la sintaxis, tienes un problema. Un modelo se sabe todas las sintaxis, no se cansa, no se aburre, se lee la documentación entera de todo y ejecuta sin quejarse. En eso te gana. Te gana ya. No hay carrera.

Pero si tu trabajo era otro, seguramente no. Porque lo que un agente no tiene es contexto, ni culo que jugarse. No sabe que el servidor del ERP no se puede reiniciar el día 5 porque es cuando se pagan las nóminas. No sabe que el contable entra en pánico con cualquier cambio de pantalla. No sabe que ese cliente dice "urgente" cada vez que le pica algo y "no corre prisa" justo antes de que se caiga todo. No sabe cuándo la respuesta correcta a una petición es "no". Y, sobre todo, no firma. Cuando algo sale mal, el que da la cara en la reunión eres tú. Skin in the game, que diría Taleb. La IA no tiene piel que arriesgar.

Así que el oficio se mueve. Del "cómo" al "qué" y al "por qué". De teclear a decidir. Saber DÓNDE tocar siempre valió más que tocar, solo que ahora tocar es gratis y decidir es lo único que se cobra. La escasez se ha movido de las manos al criterio. Y el criterio se sigue forjando igual que siempre: a base de años de tickets de "va lento desde siempre, pero hoy más".

🧐 - "Ya, pero si nos quitan el trabajo, ¿qué vamos a hacer?"

👻 - "¿Alguien ha pensado en eso alguna vez?"

¿Pensaron en eso en la Revolución Industrial? Los tejedores de Nottingham rompieron los telares a martillazos en 1811 porque la máquina les quitaba el pan. Y era verdad. Nadie les había preparado el trabajo siguiente, porque el trabajo siguiente no existía todavía: mecánico, maquinista, electricista, telefonista... y a las telefonistas también las automatizaron, y de ahí salieron otras cosas.

Ninguna revolución tecnológica ha venido con un plan de recolocación debajo del brazo. Tampoco fue gratis, que nadie se engañe: hubo gente que se quedó por el camino. Pero la pregunta "¿y qué vamos a hacer?" se ha formulado en cada ola y nunca nadie ha acertado la respuesta por adelantado, porque la respuesta siempre es "cosas que aún no sabemos imaginar".

Y lo nuestro tiene guasa: nos hemos pasado la vida automatizándonos a nosotros mismos. El cron, el script, Ansible, el playbook en Semaphore, terraform... Todo el oficio ha consistido en escribir cosas para no hacer el trabajo a mano. Y ahora que el script ha aprendido a escribirse solo nos escandalizamos. El sysadmin que rackeaba servidores en 2005 se preguntaba qué iba a hacer cuando llegara la nube, lo que hizo fue otra cosa. Mejor pagada, casi siempre.

Me he pasado la última parte de la semana en Cáceres, en la feria Potencial Digital, con algunos compañeros de BIOS. Un entorno cargado de gente tecnológica de empresas potentes, patrocinadores con logotipo grande, ponentes de los que salen en la tele. Y he alucinado con cómo muchos subestiman lo que viene. Se habla de la IA como de una herramienta más: un copiloto aquí, un chatbot en la web, un asistente que resume PDFs. Como si fuera el Excel de 2026. Y lo entiendo, porque hasta ahora nos ha llegado una olita de tres o cuatro metros que muchos han podido capear: pones un ChatGPT corporativo, haces un curso, metes un copiloto en el IDE y sigues facturando lo mismo.

Lo que viene es una ola de cuatrocientos metros que va a arrasar el sector y a poner todo patas arriba. Cuando el coste de hacer software se acerca a cero, se cae el modelo de vender horas de teclado, la consultora de treinta personas que vive de "saber un lenguaje" compite mañana contra cinco personas y un puñado de agentes.

El SaaS de 400€ al mes que le pagas a alguien porque "no tenemos tiempo de hacerlo" se rehace en un fin de semana. El cliente ya no te llamará para pedir un informe: traerá su propio agente y le pedirá a tu producto una línea de comandos para hablar con él, que es exactamente lo que DHH le pidió en Austin a todas las apps.

Y, te digo más, aún no vemos el pico de la ola. Los modelos de hace doce meses ya parecen juguetes al lado de los de hoy, y los de hoy lo parecerán dentro de doce meses. Mientras, en la orilla, hay gente discutiendo si dejar usar ChatGPT en la oficina... ¡Que vayan aguantando la respiración!

Una ola no se para. Se surfea o te revuelca. Y para surfearla hay que estar en el agua antes de que llegue, no en la playa con un folleto.

Creo que DHH, a pesar del histrionismo, de la sobreactuación y de la provocación, tiene razón.

En la newsletter "casi fallida" de la semana pasada te contaba cómo estamos empezando a trabajar en DMNTR con agentes. En solo una semana hemos cambiado muchas de las cosas que ahí contaba.

Vivimos tiempos locos y NADIE VA A PARAR. 

¡Feliz Domingo!


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Y fin...

No te quiero contar la locura de semana que he tenido... Termino de escribir esta newsletter a las 14.00 del Sábado 26 de Septiembre, con pocas horas de sueño encima y un evento esta tarde también... ¡De locos!

¡Pero aquí estamos!
 
Nos vemos en los canales habituales: X y Telegram.
 
Por cierto, si quieres, puedes invitarme a un cafelito. ☕☕☕

Lo que está claro es que ya quisiera el Dementor el pelo de DHH...