No sé cómo explicarlo. Tal vez esté codificado en nuestro ADN. O tal vez sea simplemente un mecanismo de supervivencia que se activa por alguna razón desconocida para mí. O simplemente sea nuestra naturaleza humana. O lo mismo, no estamos muy bien de la cabeza.
La verdad es que no lo sé, pero me intriga. A veces, no solo nos vale con verlo, a veces necesitamos tocarlo. Sentirlo. Olerlo. Escucharlo.
En un mundo donde la tendencia es añadir más y más capas de abstracción a todo. En un mundo donde nos dicen que todo debe ser “serverless” y que si no estás en la nube, estás equivocado. En un mundo donde "no tendrás nada y serás feliz". En un mundo en el que debes alquilar en vez de comprar. En ese mundo, algunos seguimos soñando con ser "padres" de máquinas ruidosas con lucecitas.
Sin embargo, no sabes bien cómo, de repente, eso de instalar un nuevo servidor ya no implicaba cargar peso, insertar discos o buscar acomodo dentro de un rack. Ahora una web con un logo naranja y blanco es todo lo que necesitas para que un nuevo servXX llegue a tu vida. ¡Qué fácil, qué simple, qué elegante! Y a la vez que triste. Y lo digo con la mano en el corazón...
Porque te quiero contar algo, la verdad es que no sé en qué momento, yo también me desvié del camino. Lo hice. Te levantas una mañana y, de repente, te das cuenta de que tu día a día ya dejó de girar en torno a cables o piezas físicas. Ahora "desplegar una infraestructura" consiste en crear una "receta" y lanzar algo llamado Ansible. De repente, todo lo que implica ampliaciones tiene una pequeña "v" delante...
Y te dices a ti mismo: “Dementor, esto es subir de nivel”, mientras por la noche, intentando espantar a los monstruos, esas lucecitas verdes y azules vuelven a aparecer parpadeando brillantes en el techo de la habitación. Te echan de menos. O tú a ellos. O lo mismo, no estamos muy bien de la cabeza.
A pesar de todo, soy de los que aman lo que hace cada día. Disfruto de esta profesión que respeto y admiro a partes iguales. Pertenezco al grupo de los que intentamos absorber conocimiento. De los que vemos belleza, donde otros ven un trozo de hierro. De los que tenemos una facilidad pasmosa para acoger nuevas tendencias y tecnologías. De los que somos capaces de reinventarnos una y otra vez. No creo que exista un sector donde tu vida profesional penda de un hilo casi cada día. Ninguno. No lo hay.
Esta misma semana, en una tertulia con colegas del sector, algunos mencionaban que habían eliminado la informática de sus hobbies, por salud. Querían reducir las horas frente al maldito monitor. Con las del trabajo ya tenían suficiente. Los entiendo perfectamente, hay días en que el “bicho” desde el que escribo esta newsletter marca 15 horas de actividad. No puede ser sano.
Sin embargo, al final lo haces un día detrás de otro. Y otro. Y otro. Y el día de fiesta también. Porque esta droga te enganchó fuerte, no sabes bien cómo, y, por ahora, no quieres o no puedes salir. Porque, además, no sé cómo lo ves tú, pero cuando eres capaz de resolver ese problema que lleva toda la semana acechando, la definición de "volar" se queda corta. A pesar de que nadie de tu alrededor entiende que puedas pegar saltos porque donde antes ponía "timeout" ahora ponga "0,3ms"... O lo mismo, no estamos muy bien de la cabeza.
Trabajo en ciberseguridad, diseño redes, hago auditorías, analizo logs y configuro entornos en la nube. Paso en un universo digital alternativo muchas horas de mi existencia, pero permitidme que, aun así, en mi mochila siga llevando una pequeña caja de destornilladores, algunos latiguillos, alguna fibra, crimpadora, conectores y otros utensilios más. No es nostalgia; es algo más profundo. Es mi recordatorio diario de que detrás de cada línea de código, de cada entorno virtual, de cada despliegue cloud, hay un mundo físico que late, respira, hace ruido y, sobre todo, se puede tocar.
O lo mismo, no estoy muy bien de la cabeza.
¡ Feliz Domingo !
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¡Gracias por estar ahí cada Domingo!
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Yo creo que, de verdad, a este chico le falta un hervor...