👻 La Newsletter de @weareDMNTRs 👻 

El otro día, mientras escuchaba un podcast, el famoso @Recuenco dijo algo curioso:

"Los autistas solo tenemos dos formas de estar en un puesto de trabajo: o daría la vida por todos vosotros, o no aguanto aquí ni un segundo más."

Me quedé un rato con la frase dando vueltas en la cabeza, porque describe con precisión quirúrgica algo que llevo haciendo toda la vida sin saber que tenía enunciado.

El all-in que lo llamo yo... O estás con todo o no estás...

No hay término medio, no hay "voy tirando", no hay modo ahorro de energía. Las dos frases de Recuenco parecen opuestas, pero son la misma: son lo que le pasa a alguien que no sabe estar a medias.

Mi vida siempre ha sido un all-in. Y eso incluye los finales. Para cuando algo acaba, no acabo de normal, con su "me voy, me despido y ya", su cuenta atrás civilizada y su tarta de despedida o su "aguanto unos meses, o años, más y luego veremos...".

No. Yo acabo con el "no aguanto aquí ni un segundo más". Y ojo, que eso no quiere decir irse mal. Se puede salir por la puerta grande, con abrazos y deseando lo mejor a todo el mundo. Lo que no existe, lo que mi cabeza directamente no procesa, son esos tiempos muertos del final: el estar por estar.

Hay gente que puede pasarse años así. Cumpliendo, calentando la silla, presente en cuerpo. Yo eso no lo sé hacer. Ni un año, ni un mes, ni una semana. Ni un segundo más, decía Recuenco.

Pero la newsletter de hoy no va de esto, va de lo que nadie te cuenta cuando hablamos del all-in: el vacío de después.

Llevo un año y algo peleándome con el vacío de haber salido de algo en lo que el all-in duró muchos años. Súmale que se juntó con otras salidas y cambios, otras puertas que se cerraron a la vez, y el resultado es que un día te levantas y el hueco que ocupaba todo aquello sigue ahí, con su forma exacta, esperando algo que ya no viene.

La otra tarde, antes de salir a pasear un rato con la bici, se lo intentaba explicar a mi mujer: llevaba tiempo esperando tener tiempo, y ahora que ha llegado el verano, los días largos, las tardes eternas, o sea que de repente tengo tiempo. Y no tengo en qué gastarlo.

Léela otra vez, porque la frase tiene guasa. Años fantaseando con el día en que por fin habría tiempo. Tiempo para todo lo aplazado, todo lo pendiente, todo lo que "cuando esté más tranquilo". Y llega el día. Y hay tiempo. Toneladas de tiempo. Bueno, toneladas tampoco, pero tiempo hay.

Y no hay en qué gastarlo.

Obviamente, claro que hay cosas. La bici, los cacharros, la lista infinita de proyectos pendientes. Y la familia, que eso sí está, y bien: la playa, un concierto, los ratos con mis hijos. Pero hasta ahí hay letra pequeña: uno ya es adolescente y llena su tiempo solo, que es exactamente su trabajo a esa edad. Y la otra, preadolescente, ya me suelta de vez en cuando el "Papá, déjame tranquila"... que, si te fijas, es la versión preadolescente del "no aguanto aquí ni un segundo más". La tarita, me temo, viene de serie en esta casa.

Así que no, no es un problema de inventario, el problema es otro, y es más incómodo de contar: los que tenemos "tarita" necesitamos que esa cosa sea enfermiza, si no, no es satisfactorio.

La "Alta Búsqueda de Sensaciones", o algo así, decía mi psicóloga. Traducido: un cerebro que necesita más voltaje que la media para registrar que está pasando algo. Las dosis normales de vida (un paseo, una serie, un hobby de domingo) no nos llegan al umbral. Nos hace falta la obsesión, el proyecto que te come, la cosa que te quita el sueño y encima se lo agradeces.

Y de eso, fuera del trabajo, ahora mismo no hay stock.

😵‍💫 - "Pues llena el tiempo, tío. Pádel, deporte, masa madre, japonés online, tik-tok..."

👻 - "Que no lo pillas. No quiero llenar el tiempo. Quiero que algo me lo vuelva a quitar."

Del burnout hay literatura infinita... De cómo sobrevivir dentro del all-in, también: gestiona el estrés, pon límites, desconecta. Lo que no he encontrado en ningún sitio es el manual del después: "Cómo se vive cuando lo que te quemaba era también lo que te encendía".

Porque este vacío no es tristeza, o no exactamente. Es levantarte con el motor revolucionado y ninguna marcha que meter. Es mirar la agenda vacía y sentirla como una amenaza en vez de como un premio. Es que te digan "disfruta, la gente pagaría por estar así" y sonreír mientras piensas que la gente no tiene ni idea de lo que está diciendo.

Y aquí es donde tocaría el párrafo de la moraleja. El "pero entonces entendí que..." con su lección aprendida y su lacito.

Pues no lo hay.

Lo que hay es esto: durante el 90% del año, o más, mi tiempo, fuera de DMNTR y la familia, es cero. Sábados, domingos y festivos incluidos. Y no lo cuento como queja, lo cuento como diagnóstico: así es como mi sistema funciona fino.

Mi problema no es ese 90%. Es el otro 10.

Porque ha llegado el verano, y este año no tenemos "proyecto locura" como tuvimos el año pasado. Y sin proyecto locura, los días en blanco dejan de ser teóricos. Ahí están, en el calendario, mirándote. A ver qué haces conmigo, dicen.

El vacío es así de listo: no aparece en octubre, cuando la agenda te protege. Espera al verano.

Estoy empezando a salir con la bici algún ratito. Y está bien. Pero "está bien" es justo eso: está bien. No me come, no me quita el sueño, no me obsesiona. Pedaleo, vuelvo, y el tiempo sigue ahí, casi intacto. Sigo sin saber en qué gastarlo. No sé si la próxima obsesión enfermiza aparecerá sola, como aparecieron todas las anteriores, o si esta vez no aparece y tocará aprender otra cosa. No tengo ni idea.

Lo único que tengo claro es lo mismo de siempre: estar por estar, no. Ni en un trabajo, ni en un proyecto, ni siquiera en mi propio tiempo libre. Prefiero el vacío a rellenarlo con cualquier cosa.

Que igual es la tarita hablando.

Seguramente.

Pero es la mía.

¡Feliz Domingo!


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Y fin...

Y hasta aquí la de esta semana, una de esas que se escriben más con las tripas que con el teclado.

Si tú también has salido de un all-in y conoces el después, me encantaría leerte. Y si estás dentro de uno ahora mismo, disfrútalo, aunque suene raro.

Nos vemos en los canales habituales: X y Telegram.
 
Por cierto, si quieres, puedes invitarme a un cafelito. ☕☕☕

Este tío lleva un año esperando tener tiempo libre y lo está gastando en escribir una newsletter sobre no saber en qué gastar el tiempo libre. El vacío, por lo menos, genera contenido...