
Con la nube ya aprendimos una lección que muchos prefieren olvidar.
Migramos convencidos de que era eficiencia, flexibilidad y ahorro. Nos hablaron de pagar solo por lo que usábamos, de escalar cuando hiciera falta, de olvidarnos del hierro, de los CPDs, de los sysadmins y de los problemas “antiguos”. Y durante un tiempo funcionó. Todo parecía razonable. Incluso barato.
Hasta que dejó de serlo.
Entonces llegaron las subidas de precios, los cambios de licencias, los giros estratégicos unilaterales y las condiciones que ya no se podían negociar porque no había alternativa real. Y nosotros, las empresas, los técnicos, los responsables de sistemas, solo pudimos aguantar. Optimizar aquí, recortar allá, justificar internamente lo injustificable. Porque salir ya no era una opción sencilla. Porque volver atrás costaba más que seguir pagando.
Ahora estamos haciendo exactamente lo mismo con la IA, pero con una diferencia clave: esta vez estamos metiendo la dependencia mucho más adentro.
No estamos usando la IA como una herramienta puntual. La estamos convirtiendo en el centro de la operativa. Automatizamos procesos completos, delegamos análisis, soporte, generación de código, toma de decisiones, priorización, redacción, atención al cliente. Cada vez más trabajo pasa por modelos que no controlamos, que no podemos auditar y cuyo coste real desconocemos.
Y aquí está el truco que casi nadie quiere mirar de frente: la IA no cuesta hoy lo que nos cobran a día de hoy.
Los precios actuales no son sostenibles. Son precios de captación. Precios estratégicos. Precios, en muchos casos, claramente a pérdidas. Igual que pasó con la nube en su día. Igual que pasó con otras plataformas antes. Quemar dinero ahora para ser imprescindible mañana. Pero en el caso de la IA a niveles de auténtica locura.
Hoy todo parece barato porque alguien está subvencionando tu dependencia.
Pero ese alguien no es una ONG.
El día que la IA sea estructural, y lo está siendo ya, el margen de maniobra desaparecerá. No podrás “apagarla un tiempo”. No podrás migrar en semanas. No podrás volver a procesos manuales sin romper la operación. Porque ya no será una herramienta más: será el sistema nervioso de la empresa. El sitio por el que pasa todo.
Y cuando eso ocurra, cuando los precios se ajusten a la realidad, cuando los contratos se endurezcan y las condiciones cambien, descubrirás que negociar desde la dependencia no es negociar, es aceptar. ¡Y punto!
El riesgo no es tecnológico, es económico, estratégico y organizativo.
No estamos diseñando sistemas resilientes. Estamos diseñando estructuras extremadamente eficientes… mientras el subsidio dure. Estamos cambiando CAPEX por OPEX sin pensar qué pasará cuando el OPEX deja de ser asumible. Estamos optimizando costes a corto plazo a cambio de perder control a medio plazo.
Así que la pregunta no es si la IA va a subir precios, eso es inevitable, la pregunta real es qué margen te quedará cuando eso ocurra.
Qué parte de tu negocio seguirá funcionando sin ella. Incluso: ¡Qué sabrás hacer todavía por ti mismo!
Quizá ha llegado el momento de volver a pensar en tener hierros propios ejecutando IAs, no como una negación del progreso, sino como una decisión estratégica consciente.
Igual que en su día aprendimos que no todo debía ir a la nube, empezamos a entender que no todo puede depender de modelos externos. Disponer de infraestructura propia, de capacidad de cómputo bajo nuestro control y de modelos ejecutándose dentro de la empresa no es un capricho técnico: es una forma de recuperar margen de maniobra.
No para competir con los grandes, sino para no quedar completamente atrapados en sus reglas. Tener algo que funcione incluso cuando el precio sube, el servicio cambia o la API deja de ser lo que era ayer.
No se trata de aislarse ni de renunciar a la IA, sino de diseñar híbrido también en lo cognitivo. Combinar modelos externos con modelos propios. Usar la nube cuando aporta valor real, y el hierro cuando aporta estabilidad y previsibilidad.
Aceptar que quizá no todo será tan barato ni tan brillante al principio, pero sí más sostenible a largo plazo.
Una empresa que conserva su capacidad de pensar y operar por sí misma no solo resiste mejor los cambios del mercado, los entiende antes.
¡Feliz Domingo!
Protecting what matters most
Todos los episodios aquí: https://go.ivoox.com/sq/2343562
No estamos ante una discusión técnica, ni siquiera ante una discusión sobre costes. Estamos ante una cuestión de diseño a largo plazo. De decidir qué partes de nuestro negocio pueden depender de terceros y cuáles no.
La IA es una herramienta extraordinaria, pero ninguna herramienta debería convertirse en un punto único de fallo, ni técnico ni económico ni intelectual.
¿Cómo que no somos una ONG? ¡OPENAI! ¡OPEN! ¡OOOOPPPPEEENN!!
