👻 La Newsletter de @weareDMNTRs 👻 

Esta es la newsletter más personal de todas las que he escrito aquí. Y las ha habido de todos los colores.

Y no es un texto fácil, es un texto que vomito a bocajarro contra el teclado, mientras estoy solo en casa, en una de esas preciosas tardes de primavera en las que el sol brilla y el cielo es azul.

Este será el primer año en 35 años en el que la culminación de la primavera para alguien como yo, la Semana Santa, sea simplemente eso: una semana.

Desde que tenía 10 años he vivido todas las Semanas Santas de una manera especial. Desde que el gusanillo de la música cofrade me tocó el alma, vivir una Cuaresma era sinónimo de conciertos, certámenes, actuaciones y luego procesiones. Un ir y venir de uniformes colgados en casa. Noches de acostarse tarde y levantarse temprano. Frío ensayando. Nervios. Terceros tiempos en el local o en algún bar comentando lo vivido. Y, sobre todo, esa sensación de esperar algo que siempre llegaba.

No os miento si os digo que me siento raro.

En la banda conocí a la que hoy es mi mujer y madre de mis hijos. Conocí a grandes amigos. A grandes enemigos, también. A muy buenas personas y a las peores que me he podido echar a la cara. En la banda, en resumen, aprendí a vivir. Allí me hice persona.

Por si no conoces cómo funciona una banda de “paso Cristo” en Andalucía: aquí no se cobra ni un duro, todo lo que gana la banda se invierte en la banda. Ensayas prácticamente todo el año para que las 50 o 60 marchas estén en perfecto orden de revista cuando llegan los días grandes. Y vestir el uniforme no es ponerse ropa, es ponerse historia. Es salir a las calles de tu ciudad a ofrecer lo mejor de ti mismo y de tus compañeros. No te voy a mentir, es muy muy bonito cuando todo sale bien y algo horrible cuando la cosa se tuerce.

Pero, como todo en la vida, las cosas tienen un principio y un fin.

Y seguramente no esperaba que el fin llegara como llegó.

Crear un proyecto músico-cofrade en un barrio como el mío fue agotador, pero por entonces no lo sabía. No teníamos dinero. No teníamos apoyo. Todo salió de nuestra ilusión. Sorteábamos desde carros de la compra hasta maletas. Incluso rapiñé parte de mi beca universitaria para comprar instrumentos sin que mis padres lo supieran. Ni que decir tiene que comprábamos instrumentos de segunda mano y aprendíamos a repararlos como luthiers improvisados.

Pero salimos adelante.

Pasamos de ser "los niños del polígono" que hacían gracia con sus instrumentos, a molestar por hacer las cosas de manera diferente. Y cuando haces las cosas diferente, lo normal es que te intenten pegar una buena hostia, no sea que acabes quitándole el sitio a quien no debes.

Sin embargo, éramos cabezones. Y la cabezonería nos llevó a hacer cosas que, vistas hoy, sigo sin saber explicar. Llámalo milagro. Llámalo casualidad. Llámalo X.

No te voy a mentir tampoco, problemas hubo siempre. Cuando éramos 25 y cuando éramos 125. En muchos tuve yo la culpa: juventud, carácter difícil, falta de mano izquierda, no saber cerrar la boca cuando tocaba. En definitiva, "no saber mover el capote con elegancia".

La juventud, a veces, apesta.

Pero siempre hubo algo especial. Las cosas con alma tienen algo especial. Nuestra escuela de música, la formación continua, que todos trabajáramos por el proyecto sin cobrar, el ser los primeros en Granada con local propio pagado con fondos propios, sin ayudas. El sistema de partituras, entonces muy criticado y ahora usado por tantos y tantos... El repertorio tan personal y propio. El cuidado por los detalles, el respeto por las familias, la locura continua en la que andábamos siempre metidos, la semana de la música... Tantos gestos pequeños que eran enormes.

Sufrimos escarnios en muchos ámbitos, no era fácil de llevar. Ser del DN era profesión de alto riesgo y mi salud mental se resintió más de lo que me gusta reconocer. Y como la banda era un reflejo de mi personalidad, si yo me resfriaba, la banda estornudaba. Mi estado de ánimo lo impregnaba todo en demasiadas ocasiones.

No he comprendido hasta hace poco lo importante que es un líder motivado, y lo destructivo que puede ser uno desgastado.

Hace tres años llegó el momento de dar un paso al lado y dejar a otros llevar el timón. Y debería haberse quedado ahí. Pero, tonto de mí, volví. Lo justificaba con las palabras que otros me decían: "si no lo haces la banda lo va pasar mal", pero en el fondo tan solo quería seguir formando parte de aquello. Me gustaba demasiado.

Y ahí empezaron los dos años más duros.

No me importaron muchas situaciones que se dieron y que me dolían en lo más interno...

O quizás sí me importaba y me lo estaba tragando. Puro veneno.

Reconozco que no sé si el problema era que no se hacían las cosas como yo pensaba que debían hacerse o que yo me había quedado anticuado y sí que se estaban haciendo como tocan. Esa lucha sigue en mi cabeza.

Paradójicamente, esos dos años ni siquiera llegamos a tocar el Martes Santo. Llovió. Ironías del destino.

Hoy estoy fuera y veo que, objetivamente, la banda ha crecido, pero no reconozco en ella casi nada de lo que fue. Y quizás así deba ser, los proyectos evolucionan y las personas también. O no... no lo sé.

Pero cuando has dejado tanta alma en algo, no es fácil verlo desde la barrera.

Esta Semana Santa no sé dónde estaré cada día, pero sé dónde NO estaré el Martes Santo. No estaré donde he estado los últimos 30 años, porque no me siento con fuerzas. No ha llegado el momento de estar allí. La herida tiene que curar...

Mi mujer saldrá de nazarena, mi hija de monaguillo y mi hijo quiere ir a "ver la cofradía". Yo, de momento, he decidido que estaré lejos, que necesito que la distancia haga su trabajo. 

No me arrepiento de esos 30 años. Arrimé el hombro porque quise, porque lo sentía, porque era mi sitio y, porqué no confesarlo, porque aquello lo era todo para mí... Quizás lo que más me cuesta aceptar es que, aunque ya no me toca empujar ese carro, durante 30 años lo hice con todo lo que tenía. Con aciertos y errores, con orgullo y cabezonería, con ilusión y desgaste... mucho desgaste... Pero que era como debía hacerse y ya está. Lo que sucede, conviene.

 

Eso nadie me lo va a poder quitar.

 

Ahora toca aprender a vivir la primavera de otra manera. 

 

Bienvenida Cuaresma.

Bienvenida Semana Santa.

 

Qué rara te me haces.

 

¡Feliz Domingo!


🔗 Newsletter patrocinada por: 🔗

 

   Protecting what matters most

 


🔊 Llámalo podcast... 🔊

Todos los episodios aquí: https://go.ivoox.com/sq/2343562

 


Y fin...

Prometo que la semana que viene volveremos a hablar de redes, hardware o alguna paranoia digital. 

Hoy me tocaba actualizar firmware interno.

Bueno, mejor no prometo nada...

Seguimos hablando por los canales habituales: X y Telegram.
 
Por cierto, si quieres, puedes invitarme a un cafelito. ☕☕☕

¿Y de uniforme se quitaba la gorra o no se la quitaba?